★★★★★ 5
Un libro que debes leer!
Format: Paperback
El tema del liderazgo cristiano es vital dentro de la Iglesia. La lectura del libro In the Name of Jesus: Reflections on Christian Leadership, hace un aporte significativo a mi entendimiento teológico acerca del liderazgo. Como líderes podemos edificar o destruir vidas; ayudar a otros a que avancen o frenarlos en su jornada de fe; servir de inspiración o dejar huellas de dolor en la vida de otras personas; mostrarles el camino a otros o perdernos en el camino.
El autor hace una pregunta que creo que es muy oportuna y puntual en nuestra vida: ¿Qué decisiones has estado tomando últimamente y cómo son un reflejo de cómo percibes el futuro? Ciertamente no había reflexionado en ello. Cada día tomamos decisiones desde el momento en que abrimos los ojos, si ya me levanto, qué voy a desayunar, qué ropa me voy a poner, etc. Pero no había analizado si mis decisiones diarias me están acercando a lo que Dios tiene para mí o si me tienen estancada en mi pasado.
Una de las cosas que ha llamado mi atención en la lectura de este libro es que el autor dice que llegó a un punto en su vida donde comenzó a sentir una terrible amenaza interna y se cuestionó si el hacerse ya mayor en edad lo había acercado más a Jesús. Quiero detenerme aquí, porque una líder que ha influenciado mi vida es mi madre. Ella ya tiene 83 años, y continuamente me repite: -Hija, tengo que estar muy cerca de Jesús, ya casi llega mi hora y quiero poder encontrarme con Él cara a cara. Puede uno entrar a su cuarto y la hallarás en su sillón con su Biblia abierta y orando o cantando alabanzas a Dios. Ella se preocupa por guardar su relación con Jesús. ¿Alguna vez, como líderes, estamos preocupados por si estamos muy cerca de Dios? ¿O es que quizás nuestro liderazgo nos hace presuponer que sí lo estamos? Estamos tan ocupados en la viña del Señor que se nos olvida ocuparnos del Señor de la viña.
El autor reconoce que en esa etapa de su vida ya no oraba con pasión, sino que lo hacía bastante mal, se había aislado de las personas y se dio cuenta de que su alma estaba en peligro. Vino a mi mente Mateo 16:26 (NTV) “¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero pero pierdes tu propia alma? ¿Hay algo que valga más que tu alma?”
O como Pablo les dice a la Iglesia en Corinto: “no sea que habiendo predicado a otros, yo mismo sea descalificado.” 1 Corintios 9: 27 (b)
Creo que si reflexiono teológicamente me debería preguntar: ¿Tengo la seguridad de lo que vale mi alma? ¿Podré yo quedar descalificada ante Dios en algún área de mi vida? ¿Está mi alma en peligro?
Henri J.M Nouwen desmenuza la tentación de Jesús y nos muestra tres tentaciones que como líderes y ministros enfrentamos frecuentemente.
La primera a la que se refiere es la Tentación de ser Relevante y su base es cuando el diablo le pide a Jesús que convierta las piedras en pan. Hoy hay muchos que quieren ser “relevantes a toda costa”, aunque eso signifique ir más allá de nuestros principios y cambiar por completo el Evangelio. Cada vez que escucho a un predicador diciendo que “pacte” con cierta cantidad de dinero para recibir un milagro, me indigno en gran manera porque algo que Jesús ofreció gratuitamente al pagar con Su sangre, ahora los “grandes predicadores de estos tiempos” lo han convertido en negocio. ¿Estaremos provocando que Jesús voltee nuestras vidas como hizo con las mesas de los cambistas del templo?
Se nos olvida que Jesús es quien tiene que ser relevante para el mundo y que tenemos que reflejar la luz de Cristo.
Hoy vivimos pendientes de cuántos seguidores tenemos en las redes sociales, cuántos likes tienen nuestras publicaciones. Por eso decía al principio, que podemos perdernos en el camino. Nouwen se inquietó de que su ineficaz oración y la tiranía de lo urgente lo estuviera empujando a reprimir al Espíritu Santo. David sabía lo que significaba andar sin el Espíritu Santo como compañero, por eso clamó en el Salmo 51: 11 “No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu”
Coincido con el autor cuando expresa que los líderes del futuro serán aquellos que se atrevan a reclamar su irrelevancia en el mundo contemporáneo como una vocación divina que les permita entrar en una profunda solidaridad con la angustia que subyace a todo el brillo del éxito y traer la luz de Jesús allí.
El autor nos hace reflexionar en la pregunta que Jesús le hace a Pedro. ¿Me amas más que estos? No le preguntó acerca cuánta gente lo conocía, a cuántos había impactado. La pregunta era relacional: ¿me amas a mí? Por lo tanto la pregunta para nosotros sería, ¿estoy enamorada de Jesús?
Nouwen declara que el líder del futuro es uno que conoce el corazón de Dios. Cuando no estamos ligados al corazón de Dios porque nos falta esa intimidad con Él, somos más propensos a que el anhelo por la fama, por ser exitosos, se apodere de nosotros y nos desenfoque de nuestro llamado. Conocer el corazón de Jesús y amarlo son lo mismo. Cuando vivimos en el mundo con ese conocimiento del corazón de Jesús, no podemos hacer más que traer sanidad, reconciliación, nueva vida y esperanza donde quiera que vayamos.
Seguido a la pregunta tan desafiante, viene una tarea importantísima: apacienta mis ovejas. Mi corazón se estremeció, pues a pesar de conocer este relato y haberlo predicado varias veces, esta vez el enfoque del autor me hizo reflexionar en que muchas veces se nos olvida que hemos sido llamados a apacentar las ovejas, que tenemos una responsabilidad pero por tratar de ser relevantes no la estamos cumpliendo a cabalidad.
El autor aborda ahora el tema de la oración contemplativa como una disciplina importante para el cristiano.
La oración contemplativa profundiza en nosotros el conocimiento de que ya somos libres, que ya hemos encontrado un lugar para morar, que ya pertenecemos a Dios, a pesar de que todo y todos los que nos rodean siguen sugiriendo lo contrario.
Nouwen lanza una pregunta que es confrontante: ¿Son los líderes cristianos del futuro verdaderamente hombres y mujeres de Dios, personas con un ardiente deseo de morar en la presencia de Dios, escuchar la voz de Dios, mirar la belleza de Dios, tocar la Palabra encarnada de Dios y saborear plenamente la bondad infinita de Dios?
Aunque está mirando hacia los líderes del futuro, mi preocupación es también por nosotros, los líderes actuales. Si no vivimos una vida de oración no vamos a poder enseñarle a los líderes del futuro cómo avivar ese deseo ardiente de permanecer en la presencia de Dios.
Anoche en el servicio de oración de la iglesia, yo les hablé acerca de cuando Dios decide poner fin a Sodoma. Dios se pregunta: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra?
Pienso entonces: ¿qué nivel de intimidad tenía Abraham con Dios que éste no quiere encubrirle sus planes?
La respuesta la da el mismo Dios: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.”
Dios sabía que Abraham iba a preparar a su descendencia como líderes del futuro.
La oración es llamada “la cenicienta” de la iglesia. Para muchos no es relevante; sin embargo, es lo que alimenta nuestra alma y define quiénes somos en Dios.
Para vivir de pie delante de los demás, debo vivir de rodillas delante de Dios.
La segunda tentación es la de ser espectacular. Hoy la mayoría de los cristianos quieren ser parte de los ministerios de la iglesia que son más visibles: alabanza, predicar detrás de un púlpito, ministerio de danza. Pocos prefieren estar en el grupo de intercesión, o en los servidores, o ser de los que limpian el templo. El mismo Nouwen dice que actuamos como si la visibilidad y la notoriedad fueran los criterios principales del valor de lo que estamos haciendo. La popularidad ha reemplazado lamentablemente la verdadera esencia del ministerio.
Somos especialistas en dar shows domingueros, no en adorar a Dios los domingos. Somos especialistas en luces que impresionan en los stages de las iglesias, pero no somos luz que alumbra en medio del pecado. Somos especialistas en buscar las mejores voces para que canten en nuestro servicio, pero no en que nuestra voz produzca cambios en otros.
La propuesta de Nouwen para tratar esta tentación es la confesión y el perdón. Los líderes y ministros deben ser personas siempre dispuestas a confesar su propia fragilidad y pedir perdón a aquellos a quienes ministran.
Debemos ser capaces de rendir cuentas. Creo que esto es algo en lo que Wesley enfatizó y que debemos retomar. Hace unos años, para la tesis de graduación, mi esposo Daniel propuso como tema para la misma la rendición de cuentas. Esto causó revuelo en la Facultad, debido a que ellos decían que ese era un tema pasado de moda, que porqué tenemos que decirles a otros nuestras debilidades y nuestras faltas. ¿Qué tanta basura hay en mi vida que tengo temor a que sea expuesta? ¿Será porque dejo de ser relevante y espectacular ante otros?
La tentación de ser poderoso es la tercera tentación que menciona Nouwen, y él considera que esta es la tentación más seductora. Ciertamente he visto a gente cambiar drásticamente cuando se les ha sido dada autoridad.
El autor considera que a pesar de nuestra experiencia que el poder no nos da la sensación de seguridad que deseo, sino que revela nuestras propias debilidades y limitaciones, seguimos haciéndonos creer que más poder eventualmente satisfará nuestras necesidades.
El texto que usa el autor en esta parte es uno de mis textos preferidos en la Biblia, Filipenses 2: 5-8, y me encanta la versión The Message: “Piensen en ustedes como Cristo Jesús pensó de sí mismo. Tenía el mismo estatus que Dios, pero no pensaba tanto en sí mismo que tenía que aferrarse a las ventajas de ese estado sin importar qué. De ningún modo. Cuando llegó el momento, dejó a un lado los privilegios de la deidad y asumió el estatus de esclavo, ¡se convirtió en humano! Habiéndose hecho humano, se mantuvo humano. Fue un proceso increíblemente humillante. No reclamó privilegios especiales. En cambio, vivió una vida desinteresada y obediente y luego murió una muerte desinteresada y obediente, y el peor tipo de muerte, una crucifixión.”
Cristo renunció a todo, pero nosotros lo queremos conservar todo.
El autor resalta el hecho de que gran parte del liderazgo cristiano es ejercido por personas que no saben cómo desarrollarse sanamente, sin habilidades relacionales y que han optado por el poder y el control en su lugar. Muchos constructores de imperios cristianos han sido personas incapaces de dar y recibir amor.
Por eso es tan importante la disciplina de reflexionar teológicamente. Porque creo que ninguno de nosotros está eximido de enfrentar y de caer en estas tentaciones, así que debemos estar constantemente reflexionando en nuestro liderazgo y en la influencia que estamos teniendo en las personas que nos rodean. El verdadero liderazgo espiritual, según Nouwen, es uno en el que “el poder se abandona constantemente en favor del amor”. ¿Qué tanto estoy dispuesto a ceder por amor a Dios y a mi prójimo?
Mis preguntas al terminar este maravillo libro son: ¿Cómo Dios ve mi liderazgo? ¿Cómo veo mi liderazgo? ¿Cómo otros ven mi liderazgo? ¿He permitido que alguna de estas tentaciones venza y gobierne mi vida?
WAS THIS REVIEW HELPFUL?YesReportShare
Reviewed in the United States on March 23, 2020